África

Llegada a Uganda: explorando Kampala

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Días antes del viaje a Uganda, Bárbara de Hole in the Donut me contó que hay veces en que uno tiene que hacer caso a sus instintos. Según ella, a veces hay que escuchar «what your gut says» (lo que te dicen las tripas) pero, si le hubiera hecho caso, seguramente no me hubiera subido al avión que me llevaría a Estambul y más tarde a Uganda.

El antiguo Red Chilly en Kampala

Llevaba días nerviosa por el inminente comienzo del viaje a Uganda. Era la primera vez que viajábamos a la África negra y estaba intranquila, con la sensación de que algo iba a salir mal, pero no le di más importancia. Pensé que eran los nervios de lo desconocido, de la gran aventura que estábamos a punto de embarcarnos.

Sin embargo, durante el viaje de ida todo se volvió cuesta arriba y acabó siendo el más accidentado que hemos tenido nunca. Pequeñas cosas que culminaron cuando mi pasaporte se rompió segundos antes de embarcar hacia Entebbe. Volábamos a un país sin embajada española y mientras me sentaba en mi asiento no paraba de pensar si seguir adelante con el viaje acabaría siendo uno de nuestros mayores errores. Ni que decir tiene que las ochos horas de vuelo se me hicieron eternas. ¿Podríamos entrar en Uganda? ¿O nos enviarían de vuelta?

El Red Chilly estaba lleno de monetes

A las dos y media de la madrugada aterrizamos en el aeropuerto de Entebbe y, a pesar de que me podría haber inventado cincuenta cuentos chinos, decidí ir con la verdad a la persona que me atendió en el puesto fronterizo: «Las tapas se han medio despegado del pasaporte y está a punto de romperse», avisé al policía. Y entonces, lo cogió y el maltrecho pasaporte se rompió definitivamente. El policía puso cara de estupor, pero puso el sello de entrada igualmente y así puede poner mis pies oficialmente en Uganda… Pero entonces me asaltó una gran duda: ¿podría salir del país con el pasaporte roto?

Camino al mercado de Ggaba

Era demasiado tarde y estaba demasiado cansada para seguir pensando en ello. El taxista del Red Chilli Hideaway nos vino a recoger y nos dejó en el hostal. Teníamos reservado un dormitorio comunitario muy básico, pero estaba incluido en el precio del safari que haríamos al día siguiente. Esa noche apenas pude dormir, ya que no paraba de entrar y salir gente del dormitorio a todas horas, así que decidimos que la próxima vez pagaríamos el extra para disponer de una habitación privada.

Con Charlie en el mercado de pescado de Ggaba

Cuanto por enésima vez me desperté, decidí levantarme y acabar con el tormento. Iba tan zombie que me puse la crema hidratante con las gafas puestas. Afuera acababa de llegar un camión de un viaje en grupo y una docena de personas estaban plantando sus tiendas en el césped alrededor del dormitorio.

Mercado de Ggaba

Esa mañana habíamos quedado con Charlie de Diary of a Muzungu, una inglesa afincada en Uganda desde hace años con la que iríamos a visitar Kampala. Justo ese día se celebraba un desfile para conmemorar el 50 aniversario de la independencia de Uganda, pero como no nos gustan grandes multitudes, fuimos al lago Victoria a pasar la mañana.

Comprando fruta en el mercado

Kampala es conocida mundialmente por sus grandes atascos y experimentamos uno de tal magnitud que tardamos más de una hora para llegar a Ggaba. Esta parte de Kampala se extiende justo al lado del lago Victoria y allí hay un mercado dominical de comida muy animado.

Video: TERRES LLUNYANES Las Montanas de la Luna UGANDA (Abril 2020).

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