Asia

Excursión a Takasaki y vuelta a Tokyo

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Me desperté y estaba muy oscuro, como no entraba el sol me pensaba que eran las tres de la mañana, pero como no tenía más sueño y oía ruidos en el comedor me levante, eran más de las nueve. Lo que pasa es que era el primer día en Japón que dormía en una habitación con persiana y ya me había acostumbrado a despertarme por el sol.

Estaba lloviendo a mares, y ese día habíamos de ir a la peluquería para peinarme para la boda de Misato que era al día siguiente. Mo sería mi intérprete en la peluquería, ya que mi nivel de japonés no tiene palabras especializadas en estilismo. Fuimos a un centro comercial que había a unos 15 minutos en bus de su casa. Allí había dos peluquerías, pero una ya estaba llena. Es curioso porque para ser un día entre semana y las 10 de la mañana el centro comercial estaba lleno de mujeres y jubilados. Fuimos a otra peluquería y me cogieron bastante rápido. Lo más raro fue que al principio nos hicieron rellenar un cuestionario preguntando cosas como: como le gusta que le laven la cabeza, como le gusta que le hagan el masaje, algún problema capilar, porque va a la peluquería, etc. (y otras preguntas que ni Mo se molestó a traducir por lo chorras que eran). Otra cosa que me gustó es que cuando me lavaron el pelo, la butaca en la que estaba se estiro hasta quedar transformada en una camilla, nunca me han lavado el pelo de una manera tan cómoda.

Esta butaca espacial era de lo más cómoda para que te laven la cabeza.
Atención a la toalla que me pusieron en la cara para relajarme durante el lavado.

Lo que más me gusta de las peluquerías japonesas, es que lo peinados de las revistas son todos súper monos y ponibles. Aquí, los peinados que hay son a cual más estrambótico y siempre que voy a la peluquería lo hago temiendo y más de una vez he salido muy disgustada.

Después de decidir el tipo de corte, vino Hiro, mi peluquero. Muy agradable y me corto el pelo en el tiempo justo para no perder el tren a Tokyo. Me encantó el corte de pelo y el peinado, creo que nunca he salido tan contenta de una peluquería y total todo el servicio, masaje en los hombros incluido me costó 35 euros.

Kenichi nos vino a buscar a la peluquería, porque se nos hizo tarde y nos acompaño a la estación. Allí con mucha pena me despedí de Mo, ya que el día había pasado volando y tenía que ir a Tokyo. Me dio la sensación, como siempre que estoy con ella, que me deje infinidad de cosas para decirle.

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