América

Excursión Salinas de Maras y los bancales de Moray desde Cuzco

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Nos levantamos relativamente pronto. Antes de las nueve de la mañana teníamos que estar en la plaza de Armas para unirnos a la excursión que nos llevaría a las salineras de Maras y los bancales concéntricos de Moray. Acceder a las dos localizaciones por nuestra cuenta en transporte público era un tanto complicado en el mismo día y, además, las excursiones desde Cuzco solo costaban 25 soles así que optamos por ir organizados. Desde Cuzco también se puede hacer esa excursión en bicicleta, pero a menos que estéis en muy buena forma no os lo recomiendo. Cuando lo vi en la guía se me cruzó por la cabeza hacerlo, pero por suerte antes de ir leí en el blog de Adela, Callejeando por el planeta, su relato de la excursión en bicicleta a Maras y Moray, y lo mal que lo pasaron, y se me quitaron las ganas. ¡Y menos mal! Por que en algunos tramos los desniveles eran de puerto de montaña.

Teñido de alpaca en Chinchero

Sin embargo, la primera parada del tour fue en la localidad de Chinchero, famosa por su mercado dominical, al que no asistimos porque nos llevaron a una casa donde nos hicieron una demostración de teñido natural de alpaca y de tejido de la lana. Tras la demostración fuimos invitados muy amablemente a visitar la pequeña tienda que tenían allí dispuesta. Igualmente, fue muy interesante la explicación y ver cómo teñían la lana de la alpaca con productos naturales.

Tras el pequeño paripé volvimos al autocar para ir hasta las salinas de Maras. Estas salinas no están al lado del mar, sino en medio del Valle Sagrado. Esto es debido a un manantial muy salado de agua localizado en plena cordillera de los Andes, que da lugar a uno de los espectáculos más bellos de la zona del Valle Sagrado.

Las salinas están compuestas por miles de pequeñas salinas gestionadas por los habitantes de Maras y producen sal rosada para consumo humano. El autocar nos dejó en el aparcamiento y fuimos bajando poco a poco hasta un pequeño mirador, con bar y tienda incluidos, donde disfrutar del paisaje de las salinas. Se puede bajar un poco más, pero el acceso está un poco limitado para no dañar la sal que se está produciendo en las salinas ni tampoco entorpecer el trabajo.

Por otro lado, los bancales de Moray tienen algo. Ya sabéis que no soy nada cósmica y que mi conexión espiritual es más bien nula, como ya se demostró durante nuestro paseo en barca por el Ganges en Varanasi, pero aun así, los bancales concéntricos de Moray me transmitieron algo. Los incas los construyeron como centro de investigación hortícola. Cada bancal contaba con unas condiciones climáticas diferentes, lo que permitía usarlos como laboratorio de cultivos.

En cada bancal plantaban una especie diferente de una zona del país y lograban reproducir las condiciones de temperatura idóneas para cada planta. Si en el bancal se reproducía sin problemas, luego se plantaban en la zona geográfica en cuestión. Bajar hasta el último nivel de los bancales no fue tarea fácil, de hecho, a mitad de camino me rendí, ya que en cada nivel contaba con tres peldaños separados por casi un metro de distancia. Eso, sumado a la falta de aire, hacía que el esfuerzo para estirar la piernas en plan Bruce Lee fuera todo un reto.

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