Europa

Qué ver un día en Gante, la ciudad más molona de Flandes

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Ya publicamos la guía «cuatro días en Flandes» hace unos meses, y ahora iniciamos los relatos día a día del viaje a Flandes de agosto del año pasado. Empezamos con Gante, nuestra ciudad base en Flandes. Gante es muy bonita, la ciudad que más nos gustó en Flandes. Como es una ciudad universitaria, es muy joven y se respira mucho ambiente en la ciudad. Es una pasada perderse por sus callejuelas y descubrir la arquitectura de la ciudad, restaurantes y tiendas con mucho encanto. A continuación, os mostramos la ruta que seguimos nada más llegar.

La primera impresión de Gante fue muy positiva.

Todos los grandes viajes empiezan con un madrugón, al menos los nuestros. Y cuando decimos «grandes viajes» no nos referimos necesariamente a grandes distancias, sino visitar lugares muy especiales. Hacía mucho tiempo que queríamos viajar a Flandes, sobre todo desde que descubrimos que hay el Museo de la Patata Frita allí, y por fin el verano pasado nos escapamos cuatro días.

En Gante hay que mirar en todas direcciones para no perderse nada.

A primera hora de la mañana aterrizamos en el aeropuerto de Charleroi, el más alejado de Bruselas, pero el que ofrece mejores tarifas para volar. Desde allí hasta Bruselas hay varias opciones: autocar, transporte público o taxi compartido, al estilo de los de Túnez o Turquía. Tras debatir unos segundos, optamos por el taxi compartido por precio y la rapidez. Queríamos llegar a Gante a una hora razonable para tener tiempo de explorar la ciudad en un día.

El centro histórico de Gante es muy bonito.

El taxi se llenó rápidamente y nos pusimos en marcha a toda velocidad. En unos 45 minutos nos plantamos en la estación de tren de Brussels Midi. Allí compramos los billetes de tren con algunas dificultades (las prisas, que son malas consejeras), y subimos a uno de los frecuentes trenes que enlazan Bruselas con Gante.

Treinta minutos más tarde, porque el tren era directo, poníamos los pies en la estación de Sint-Pieters, la principal de la ciudad, y, armados con un café y un bollo del Panos para desayunar, nos dirigimos a la estación de tranvía que hay en el exterior de la estación (salida Centrun, a mano izquierda). En una máquina expendedora compramos el billete de tranvía (1,30€), subimos al tranvía de la línea 1 y, ocho paradas más tarde, nos bajamos en Gravensteen, junto al castillo del mismo nombre y justo frente a la oficina de turismo de la ciudad.

Antigua lonja del pescado y actual sede de la oficina de turismo de Gante

La oficina de turismo de Gante es una parada imprescindible cuando se visita la ciudad. Allí podréis encontrar mucha información útil, el personal es muy agradable y te ayuda en todo. Además, la oficina está en la antigua lonja de pescado, donde una estatua de Neptuno nos da la bienvenida. Nos hicimos con un folleto con un itinerario con lo imprescindible de Gante que seguimos al pie de la letra.

Castillo de los condes desde el río

La primera parada empezaba justo delante de la oficina de turismo, en el castillo de los condes: Gravensteen. Esta fortaleza enorme sorprende porque está en medio del centro histórico de la ciudad. Se edificó en 1180 y es una de las visitas más destacadas. Sin embargo, nosotros decidimos no visitar su interior por falta de tiempo y nos dedicamos a seguir la visita por el casco antiguo de la ciudad.

El puente de San Miguel

Bajamos caminando por la calle J.Breydelstr para pararnos a disfrutar del Korenlei y el Graslei. Aquí estaban emplazados los puertos comerciales de la ciudad, que empezaron a funcionar en el siglo XI. La arquitectura de los edificios es tan bonita que no es de extrañar que la gente se siente en las orillas del río Lys a contemplar la vida pasar y que sea uno de los puntos de encuentro de los habitantes de Gante.

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